Este post, según me informa el fiel contador de Blogger (que ni loco me pongo yo a contarlos) es el número 250. Por alguna razón, estos números redondos hacen surgir un estado metafísico de punto de llegada y punto de partida al mismo tiempo, desde donde miramos hacia el pasado y el futuro simultáneamente. Muchas cosas han pasado por esta simple página, de meros
bites surcando este efímero y a la vez infinito espacio virtual. Aquí todo pasa y a la vez no-pasa. Es una paradoja, como tantas hay en la vida. Como la que vivo ahora: estoy de vacaciones por tres semanas, pero en vez de irme por ahí estoy acá en mi departamento de la calurosa capital, mirando al Abasto, con el único proyecto de descansar mucho y a lo sumo ir una semana a Balcarce para darme en algún momento una escapadita a Mardel. Más que nada es por cuestiones económicas: me quedé prácticamente seco con los gastos de este último mes. Pero la inversión definitivamente valió la pena: me compré una bicicleta muy buena, un par de zapatillas para correr (es increíble lo que cuestan), y lo más importante, algo que me venía faltando ya hace tiempo:
un piano.
Estudié durante muchos años música, y después la abandoné por la medicina. Ahora que tengo mi propio lugar, y pude juntar la plata sacrificando cualquier intento de vacaciones, puedo de a poco retomar. Mi plan por ahora es pasarme unas cuantas horas por día volviendo a aprender los caminos secretos entre las teclas blancas y negras que conducen a la Música. Y descansando, por supuesto.
Mientras descanses que sea donde se pueda, aún en los 43º de térmica capitalinos.
ResponderEliminarY felices 250 post (?) jajaja
Besos y felices vacaciones!
qué placentero debe ser saber tocar el piano.
ResponderEliminarbuena decisión!